ACTIVIDAD INTRODUCCIÓN A LA COLONIZACIÓN DEL RÍO DE LA PLATA
Fragmentos extraídos de “El país de las cercanías: nuestra historia como nunca te la contaron”, autor: Roy Berocay, (asesores Gerardo Caetano y José Rilla). Ed. Alfaguara, 2001.
1. “A la mañana, el cielo
invernal estaba despejado y los hombres y las mujeres ya levantados se ocupaban
de sus tareas. Los hombres estaban prontos para ir de cacería, las mujeres
trabajaban los cueros, cuidaban el fuego, hacían la comida y vigilaban a los
niños, mientras los viejos, sentados, juntos, hablaban de tiempos
lejanos. Bilu se levantó y se acercó a los otros niños. Escuchaba el canto
de los pájaros y podía ver, alzándose con pereza, el pequeño cerro donde hacía
muy poco habían enterrado al padre de su padre. Recordaba la muerte del anciano
y la cara seria de su hijo… recordaba cómo su padre, para expresar su dolor, se
había cortado la punta de los dedos, apretando los dientes, levantando la mano
ensangrentada para que todos lo vieran. Bilu sabía que algún día él tendría que
hacer lo mismo y que entonces tendría que demostrar la valentía de un guerrero.
Pero ahora, con la pradera
extendida como una alfombra mansa, blanqueada por la helada, sólo pensaba en
jugar con los otros niños. Abrigados con sus cueros, con ramas que imitaban
lanzas de verdad o con boleadoras hechas con juncos y piedras, ellos salieron a
recorrer la zona. Sabían que no debían alejarse, los mayores eran estrictos con
eso. Podía haber peligros acechando de tras de las rocas: pumas o jaguares que,
aunque solían asustarse ante la presencia de los indios…, eran bichos
traicioneros. También estaban las víboras que podían matar de una sola mordida.
No, los niños no debían alejarse demasiado, pero si podían tratar de cazar
mulitas o pájaros, espiar entre las malezas a los osos hormigueros o jugar a
las pequeñas guerras en las que, imitando a sus padres, siempre vencían. Porque
los niños del campamento creían lo que enseñaban los mayores: los charrúas
siempre debían vencer y para eso tenían que ganarle al miedo.
Esa noche… el cacique
hablaba de atacar a una tribu cercana. Ya habían llegado algunos enviados de
otros campamentos charrúas por lo que todo estaría pronto para el día
siguiente: un gran ataque –rápido, mortal-, contra los guaraníes… Si todo
estaba bien, los caciques se saludaban, hablaban brevemente y luego seguían su
camino. Otras veces las cosas no eran así y había lucha entre los propios
charrúas para conseguir alimentos, cueros, un mejor lugar donde acampar o robar
mujeres… Pero esa noche se notaba que algo diferente sucedía. Había allí gente
de otros campamentos y eso no era común. Los hombres hablaron más que de
costumbre… su padre no durmió con ellos, ya que debía vigilar el
campamento.
A la mañana siguiente Bilu
despertó y salió de la choza: los hombres ya no estaban (…) Cuatro
soles y cuatro lunas subieron y bajaron del cielo, hasta que una tarde, (…) vieron a la distancia el grupo de guerreros
que regresaba. Bilu reconoció a su padre y se sintió feliz. (…) detrás de los
hombres, que traían pieles y otros objetos, venía un grupo de mujeres
silenciosas, atadas, con la cabeza gacha, y a su costado, con cara de miedo, un
grupo de niños (…) Así era la palabra de los más viejos: sólo se mataba a
los otros guerreros, a los enemigos, a los que resistían, pero nunca a los
viejos, mujeres o niños, esa era la ley que seguían desde el principio de los
tiempos. Esa era la razón por la cuál seguían existiendo.
Bilu vio a un niño guaraní
como de su misma edad…, al que llamaron Imau, porque tenía grandes orejas, se
hicieron amigos y lograron comunicarse. Imau le contó una historia increíble
que había escuchado a los hombres de su tribu durante una noche de fogata. Un
prisionero de otro campamento guaraní les había contado que un día, hacía
tiempo…”
2…cuando avanzaban por los cerros de arena
frente al agua grande, habían visto una montaña en el horizonte. Esa montaña
creció y creció, acercándose más y más, hasta que escondidos y llenos de miedo,
pudieron ver a unos seres extraños y blancos, con pelo en la cara como los
carpinchos. Ellos brillaban bajo el sol… entonces todos supieron que se trataba
de algo desconocido, seres salidos del agua. Ni siquiera estaban seguros de qué
eran aquellos extraños, si eran hombres igual que ellos o bestias. Así que
esperaron en silencio y se prepararon… los hombres con pelo en la cara llegaron
a las costas en pequeñas lanchas y cuando pusieron pié sobre la arena, cuando
sus cuerpos brillaron otra vez con esa luz terrible, se levantó el ataque.
El combate fue feroz. Los
hombres pálidos hacían sonar truenos con unos palos que traían, pero la lluvia
de flechas, las lanzas que volaban desde todas partes, los hicieron caer uno a
uno, hasta que la arena quedo roja y aquel cerro de madera que flotaba… comenzó
a alejarse de la costa. Los cuerpos fueron cargados al campamento como prueba
de la existencia de esos demonios del mar. Los extraños, venidos de la nada,
habían muerto y sus cuerpos serían comidos. Así murieron todos; todos menos
uno, casi un niño, blanco como las nubes, el único que fue tomado como
prisionero: porque es la palabra de los más viejos que no se mata a los viejos,
ni a las mujeres, ni a los niños (…)
_______________________________________________________________________
3 Más de doscientos años les llevó a los
españoles poder asentarse en esta tierra. Doscientos increíbles años llenos de
luchas, leyendas de miedo y cuentos que hablaban de montaña de oro y plata.
Porque, en realidad de eso se trataba: buscar riquezas para la corona Española
y, de paso, ganarse la gloria, algunos lingotes y tener una vida llena de
aventuras.
Después de la muerte de
Solís, la voz corrió entre los marinos españoles: en la banda del norte del río
ancho como mar habían salvajes temibles. Pero un buen día llegó a nuestras
costas otra expedición. Fue entonces que, según documentos de la época, los
marineros vieron algo, allá en la costa: había un indio enorme que agitaba los
brazos y gritaba con voz de toro, haciéndoles señas.
Nunca se sabrá si fue por orden del
capitán Sebastián Gaboto o por pura curiosidad, lo cierto es que los hombres
decidieron ir a ver de cerca de aquel gigante. Avanzaron en un bote con las
armas prontas. Es que todos conocían la historia de Solís y no querían terminar
igual que él… no se sabe bien qué sucedió con el gigante, pero los marinos
lograron llegar a la costa y allí encontraron a otro indio, de estatura común.
La sorpresa fue muy grande cuando notaron que ese salvaje tenía la piel blanca,
y fue mucho mayor cuando el indio blanco ¡les habló en castellano!
Es que ese “indio” era en realidad el
propio Francisco del Puerto, el joven sobreviviente de la expedición de Solís…
Francisco les contó historia increíbles sobre las costumbres de esos indígenas
que le habían perdonado la vida y lo había criado como a un hijo. Tanto se
había convertido en indio Francisco, que por un tiempo sirvió de guía a los
expedicionarios que querían remontar el río Uruguay. Pero un día, no se sabe
por qué, decidió regresar con quienes lo habían educado como un guerrero y
nunca más se supo de él.
_______________________________________________________________________
4 Algunos años después llegó Hernando de
Magallanes, el famoso explorador que se metió en el Río de la Plata creyendo
que había encontrado un canal que llegaba hasta el Pacífico. Según creen
alguno, su expedición, le dio origen al nombre de nuestra ciudad, ya que al ver
el Cerro lo nombraron Monte Vidi. Ellos decidieron construir un fuerte, pero lo
abandonaron pronto ante los ataques de los charrúas… Después llegó otro
explorador, Juan Romero, con cientos de soldados. Él estaba seguro de encontrar
oro y plata, pero sólo descubrió un montón de indios enojados que arrasaron con
sus hombres y sus intentos de construir un poblado.
Luego de eso, durante mucho
tiempo nadie se animó a pisar estas tierras. Es más, seguros ya de que no había
riquezas minerales ni nada, en los mapas la anotaban como “tierra sin ningún
provecho”.
…Un día, llegó desde Asunción un español
llamado Juan Ortiz de Zárate… Zárate, sus soldados y también muchos guaraníes
se enfrentaron a los charrúas y fundaron finalmente el primer fuerte, al que
llamaron San Salvador. Los combates eran cosa de casi todos los días. Los
indios atacaban por la noche y sus gritos terribles resonaban en la oscuridad,
junto con las explosiones de los mosquetes… En estos combates los españoles
alcanzaron sus primeras victorias y mataron a dos grandes caciques charrúas,
Zapicán y Abayubá. Así pudieron mantener el fuerte por un tiempo.
Pero no sólo los españoles
buscaban riquezas. A nuestras costas llegaban también buques piratas ingleses,
con sus banderas de calavera… para el que quería llegar a nuestras tierras,
nada era fácil entonces: en el mar los piratas, en las costas los indios.
Además el clima era muy cambiante, con grandes tormentas, lluvias, vientos y
fríos…
Y finalmente alguien vio lo
que nadie había visto. Era verdad: no había ciudad de oro, ni montañas ni
palacios de plata. Había otra cosa, algo que sería el principio del tipo de
país que somos: oro verde… se trataba nada más ni nada menos que de pasto… ¿De
que manera se podía obtener riqueza cuando sólo había mucho pasto? Un señor
llamado Hernandarias decidió traer vacas.
Con toda esa rica pradera, las vacas se
multiplicaron, cambiando incluso las costumbres de los indios que tuvieron más
alimento al alcance de la mano. Las vacas de esos tiempos eran más flacas,
ágiles, tenían grandes cuernos y se defendían si se sentían en peligro. Es
seguro que más de una vez algún indio o español terminó herido a cornadas.
Fue también en ese tiempo
que llegó otra clase de gente: bandidos que venían desde el lado de Brasil para
robar cueros. Al ver que estos forajidos también peleaban contra los españoles,
los charrúas terminaron por aliarse de vez en cuando con ellos… los ladrones se
escondían en las tolderías charrúas y allí más de uno terminó por enamorarse de
alguna mujer india. Al tiempo, comenzaron a nacer personas que eran mezclas de
muchas otras: los bandidos eran de origen portugués o españoles desertores; sus
hijos con las indias heredarían rasgos de distintas culturas. Al igual que los
bandidos y los charrúas, se convertían en personas que no gustaban del orden,
ni del estarse quieto, ni de obedecer a nadie; rebeldes que sabían cabalgar,
lanzar boleadoras y que podían ser feroces peleadores: se les llamó gaucho.
En todo éste tiempo…,
cientos de españoles e indios dieron sus vidas. Unos por el oro que nunca
encontraron, otros por la tierra de la que siempre habían sido dueños, algunos
–con menos gloria- solo tratando de robar una vaca. Todos juntos, sin embargo,
hicieron algo que ni ellos sabían: dieron comienzo a una forma de ser, a una
idea que, con el tiempo, se convertiría en un país.
(Fragmentos de Págs.16 a 23- 30 a 39)
Actividad texto 1
Comunidad a la que hace referencia el relato: ______________________________________
Protagonistas:
_________________________________________________________________
Completa el siguiente cuadro con la información que te
proporciona el relato:
Espacio geográfico
|
|
Fauna
|
|
Actividades económicas
|
|
Vestimenta
|
|
Organización social
(grupos y división de tareas)
|
|
Costumbres
|
Relaciona el texto con la
expresión “garra charrúa” con la que se identifica a la Selección Uruguaya de Fútbol.
Actividad texto 2
Explica a qué elementos hacen referencia las siguientes expresiones que aparecen en el texto:
“cerros de arena” ______________________________________________________
“agua grande”
_________________________________________________________
“montaña en el horizonte”
_______________________________________________
“pelo en la cara como los carpinchos”
______________________________________
“seres blancos y extraños”
_______________________________________________
“truenos con palos”
____________________________________________________
Discute junto a tu grupo los posibles motivos por los cuales los guaraníes practicaban la antropofagia (alimentarse con los cuerpos de sus enemigos).
No hay comentarios:
Publicar un comentario